MISAS POR LOS DIFUNTOS

¿Puede pedir un fiel cristiano a un sacerdote que aplique la celebración de la Misa por algún fin determinado?

Sí, claro que puede hacerlo. Es decir, puede lograr, por ministerio del sacerdote, que “su” petición no sea ya solo “su” petición, sino que forme parte de la intercesión de la Iglesia unida a la intercesión de Cristo. Por eso la Iglesia ofrece por los difuntos el sacrificio eucarístico de la Pascua de Cristo, y reza y celebra sufragios por ellos. Esperamos y pedimos -ya que todo lo que es objeto de esperanza lo es también de oración- que el Señor perdone los pecados del difunto, lo purifique totalmente, lo haga participar de la eterna felicidad y lo resucite gloriosamente al fin de los tiempos. Y estamos seguros de que nuestra oración es una ayuda eficaz para nuestros difuntos, en virtud de los méritos de Jesucristo, y no en virtud de una correspondencia matemática entre el número de sufragios y los beneficios obtenidos por los difuntos.

¿Esto es una especie de superstición, o se corresponde con la tradición de la Iglesia?

En la constante tradición de la Iglesia está el hecho de que los fieles “movidos por su sentido religioso y eclesial, quieran unir, para una más activa participación en la celebración eucarística, un personal concurso” Y eso puede ser pedir que se celebre la Misa por una intención determinada, ofreciendo incluso un don para ello. esos fieles serán, sin duda, los principales beneficiarios de esa petición.

“A lo largo de los siglos, dichos sufragios se han concreado de modo diverso: oraciones, obras de caridad, aplicación de indulgencias, ofrecimiento de la santa misa”. Desde los primeros siglos, los fieles han presentado ofrendas durante la Misa. A partir del siglo VIII, y ya decididamente a finales del siglo XII, se extiende la costumbre de que los fieles contribuyan con una donación, en especie o en dinero, para que el sacerdote se obligue a ofrecer la Misa a intención del donante.

¿Esta es entonces una costumbre par el mes de noviembre?

No sólo: ciertamente, el día 1 y 2 le dan un matiz de oración por los difuntos a todo el mes, pero como todo lo que pertenece a la vida de la Iglesia, puede hacerse en todo tiempo: coincidiendo con fechas importantes en la vida de los difuntos, aniversarios de sacramentos recibidos, etc…

¿Cómo se hace de modo práctico?

Se encargan en el despacho de la parroquia en el horario oportuno. Se pide, a cambio, un pequeño estipendio. Dar una limosna para que se aplique la Misa por una intención es un signo de la oblación personal del fiel, que añade “una, como especie de sacrificio de sí mismo al sacrificio eucarístico para participar más activamente de éste”.

¿Eso significa que esa misa que he encargado en el despacho es “mi misa”?

De ninguna de las maneras: La “misa”, lo que nosotros llamamos la “misa”, es la renovación sacramental del Misterio Pascual de Cristo, repitiendo el gesto que Él mismo nos mandó en la última cena. Es, por lo tanto, un don del Padre, una acción de Cristo y de su Iglesia, en la cooperación del Espíritu Santo. Aquel que contribuye con un estipendio para que se pida por un difunto en la misa, o por cualquier otra intención, no “paga la misa”: la misa no se paga, porque su precio ha sido la sangre de Jesucristo.

Ese dinero que se entrega es un donativo: Así que no sólo no podemos “pagar una misa”, porque es el memorial de la pasión, muerte y resurrección del Señor, y aya lo pagó con “su sangre”, sino que además, la misa no nos pertenece, sólo unimos nuestra intención a la de Cristo y su Iglesia.

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